Alquilar un piso en Japón
Japón tiene fama de tener unos precios de alquileres exorbitantes. Esta fama es en parte merecida, pero eso no significa que sea imposible alquilar un lugar donde vivir por un precio asequible.
Si uno va a estar en un mismo lugar durante un mes o más debería plantearse la posibilidad de alojarse en un apartamento (privado o compartido) en vez de un hotel u hostal. Hay muchas opciones, pero lo más lógico es alojarse en un apartamento que ofrecen compañías dedicadas a alquilar a extranjeros. Algunas de las más conocidas son Sakura House, Fontana, Leo Palace 21 (mínimo 90 días), Oakhouse, etc. Paso de poner los enlaces, que bastante publicidad gratuita les hago ya mencionándolos. Los precios varían dependiendo del tipo de alojamiento, pero comienzan a partir de unos 40.000 yen por una habitación privada en un apartamento o Guest House con zonas comunitarias, gastos de luz, agua, gas y normalmente conexión a Internet incluidos.
Quien se va a quedar por un año o más puede plantearse la posibilidad de alquilar un apartamento mediante una inmobiliaria “normal” (fudôsan, 不動産), el método que usaría cualquier japonés. La principal ventaja es el precio: por lo que cuesta una habitación en un alojamiento compartido uno puede tener su propio apartamento. No es difícil, por ejemplo, encontrar apartamentos por 35.000-40.000 yen al mes a unos 20/30 minutos del centro de Tokyo.
Las desventajas son varias. En primer lugar, que hay que tener un nivel básico de japonés. Los propietarios y las inmobiliarias no suelen hablar inglés, y aunque lo hablaran son bastante reticentes a alquilar un apartamento a alguien que en caso de tener algún problema no va a entender lo que le dicen. Además, más vale saber lo que uno está firmando cuando le dan un contrato de alquiler, no sea que luego haya problemas. Así, a veces hay que visitar varios apartamentos hasta que el dueño de éste se decide a alquilar su apartamento a un extranjero. En los últimos años la cosa se ha puesto un poco más fácil que antaño, cuando era realmente difícil que le alquilaran a un extranjero.
Normalmente todas las inmobiliarias de una zona ofrecen los mismos apartamentos, están todas conectadas a una misma base de datos. Yo, por ejemplo, cuando alquilé mi actual apartamento, fui a una agencia, pero me acabaron llevando a otra que se encargaba del apartamento que me interesaba. Supongo que luego se arreglarán las comisiones entre ellos. Así que en general, vista una agencia, vistas todas las demás de la zona (al menos eso ahorra irse paseando de una a otra).
Una vez superado este primer escollo, lo siguiente es pagar las “tarifas de entrada”. Estas son:
· Shikikin (敷金) -también llamado hoshôkin (保証金)-: es un depósito que se hace por si estropeamos algo en el apartamento. Si no hay nada que arreglar lo devuelven cuando dejamos el apartamento. Suele ser una cantidad equivalente a uno o dos meses.
· Chûkai tesûryô (仲介手数料): gastos del intermediario (la agencia inmobiliaria). Asciende a medio o a un mes completo de alquiler.
· Reikin (礼金): “agradecimiento” obligatorio al dueño de la casa por ofrecernos su apartamento. No se devuelve. Suele ser de uno o dos meses, pero últimamente hay agencias inmobiliarias que no lo exigen (hay que vigilar que a cambio el alquiler no sea un poco más caro; esto se puede hacer comparando el precio con otra agencia que ofrezca el mismo alojamiento).
Como veis, al entrar, además de el alquiler en sí (yachin, 家賃), hay que tener en cuenta que se deberá pagar una cantidad de aproximadamente cuatro meses de alquiler.
El tercer y último obstáculo es que hay que tener un garante que se haga cargo de los gastos en caso de que hubiera un incidente (por si destrozáramos la casa y nos volviéramos a nuestro país, por ejemplo). El problema es que este garante debe ser japonés y disponer de unos ingresos fijos medianamente buenos, para poderse hacer cargo en caso de necesitarlo. Como evidentemente en la mayoría de los casos el extranjero que llega a un país no dispone de nadie, hay ciertas inmobiliarias que aceptan que una empresa dedicada a esto haga de garante (normalmente cuesta unos dos o tres mil yen al mes).
A veces hay que tener en cuenta que también hay que pagar unos gastos de comunidad, dependiendo del tipo de apartamento en el que vivamos. Y, evidentemente, los gastos de agua, luz, gas etc. que tengamos.
Básicamente, el precio de un apartamento está condicionado por los siguientes factores:
· Distancia al centro de la ciudad: cuanto más céntrico más caro, por supuesto. Bajo los estándares japoneses, unos 30 minutos en tren hasta tu destino de estudio/trabajo diario no está mal. Si la estación es secundaria (no paran todos los trenes que pasan), el precio suele ser más bajo que si es una importante o con muchas conexiones a varias líneas.
· Distancia hasta la estación: no conozco a nadie que trabaje en el centro de una ciudad grande y vaya en coche, todos van en tren. En Japón las distancias giran en torno a los trenes. De hecho, se suele llegar antes en tren que en vehículo propio, ya sea moto o coche. Cuanto más cerca esté nuestro apartamento de la estación, más caro. En mi opinión, 15 minutos hasta la estación es el límite aceptable, más puede ser un suplicio. La distancia de nuestra casa a la estación es para mí bastante más importante que lo lejos que esté la estación del centro. Al fin y al cabo, la empresa paga los gastos de transporte de sus empleados, y los estudiantes pueden obtener bonos a mitad del precio normal. Por cierto, las inmobiliarias miden la distancia según la regla 80 metros= 1 minuto. Eso es caminar bastante rápido, échale un par de minutos más de lo que te digan.
· Edificio de madera o cemento: de madera es más barato, pero conserva peor la temperatura, no aísla tan bien de los ruidos de los vecinos, e incluso es más fácil que aparezcan “inquilinos” (cucarachas) en verano. Muchísimas casas en Japón son de madera. Los apartamentos de madera se conocen en Japón como apaato (アパート), y los de cemento como manshon (マンション), aunque evidentemente esta palabra nada tiene que ver con su significado original.
· Orientación del apartamento: hacia el sur más horas de luz y más caro.
· Antigüedad del edificio: cuanto más nuevo más caro. Un apartamento con 10 o 15 años de antigüedad sin estar completamente renovado se considera viejo, especialmente si la construcción es de madera. Mejor que sea de menos de 10 años.
· Altura: a más altura suele ser más caro. El moho (kabi, 黴) que provoca la intensa humedad del verano japonés es más fácil que aparezca en el piso inferior. También, las cucarachas llegan antes al piso de abajo que a los de encima. Si el edificio tiene cuarta planta a veces esta es más barata. La razón es que “cuatro” en japonés se puede decir shi, que también significa “muerte”.
· Suelo de tatami/madera: el de tatami es más barato, pero es más difícil de limpiar.
· Baño y wáter juntos/separados: uno de los puntos que más tienen en cuenta los japoneses al alquilar un apartamento. Consideran bastante desagradable tener la bañera al lado de un wáter. Si el wáter está en una habitación independiente es más caro.
· Tamaño del apartamento: en Japón existen diversas denominaciones de los apartamentos según su tamaño: 1R, 1K, 1DK, 1LDK, 2K, 2DK, 2LDK, etc. “1R” significa una habitación, con la cocina en la misma habitación. “1K” significa una habitación y una cocina. “1DK” significa una habitación, una cocina y una sala de estar. “2LDK” significa dos habitaciones, una cocina, una sala de estar y un comedor. Y así sucesivamente. El tamaño de las habitaciones no se suele medir en metros cuadrados, sino en tatamis. Un tatami=85.5cm x 179 cm, unos 1.53 metros cuadrados. Un apartamento “1K” de 7 tatamis suele rondar los 18 o 20 metros cuadrados. Aunque pueda parecer claustrofóbico, os aseguro que es perfectamente viable, e incluso cómodo para una persona vivir en 20 metros cuadrados bien distribuidos. Es muy rápido de limpiar, y se puede refrigerar o calentar la habitación en un momento, con el consecuente ahorro energético. A veces las “1R” o “1K” tienen loft, lo que significa que tienen un techo de madera sobre la habitación principal destinado a dormir allí, lo cual ahorra un espacio considerable.
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