Tokyo Sky Tree, el edificio más alto de Japón
Ayer fui al barrio de Sumida a ver la Tokyo Sky Tree, de la que ya hablé hace un par de años.
Resulta que precisamente anteayer 29 de marzo la torre alcanzó los 338 metros, sobrepasando así a la Torre de Tokyo (333 metros) y convirtiéndose ya en el edificio más alto de Japón.
Según me dijo la gente que había allí esto lo anunciaron por televisión, lo que en un país como es Japón al salir de la estación a la calle me encontré con este panorama:
Centenares de personas llenaban cada lugar que había para hacer fotos a la ya emblemática torre.
Aunque en un principio la torre iba a medir 610 metros, al final medirá 634, lo que la convertirá en la segunda estructura más alta del mundo, por detrás del imponente Burj Khalifa.

Cartel que anuncia su altura actual.
Como se puede ver, el barrio en el que se ubica es bastante antiguo. Con la construcción de la torre (y sus respectivos centros comerciales, etc.) se pretende dar vida a esta zona alejada de los puntos turísticos de la ciudad. Por lo que pude ver ayer estoy seguro de que lo conseguirán.
Aunque en la base es triangular, a medida que sube la torre se va haciendo cilíndrica.
Evidentemente, cuando se inaugure en la primavera de 2012, la antigua Torre de Tokyo perderá una gran cantidad de visitantes. Se espera que la construcción se finalice en diciembre de 2011, y su observatorio más alto estará a 450 metros.
Actualización: añado un vídeo que salió hace unos días en el diario Mainichi News.
“Dioramas” de Tokyo
Entrada rápida para mostrar un par de buenos vídeos empleando la técnica tilt-shift combinada con la de time-lapse desde las alturas tokyotas.
Como siempre, recomendado verlos en alta definición y a pantalla completa.
Vídeos de mockmoon.
Kurama (Kyoto) y su onsen
El otro día, explicando la excursión que hice a las montañas del norte de Kyoto me quedé en la travesía que hice a través del bosque. Hoy retomo el relato para hablar un poco del pueblo que hay al otro lado del bosque, Kurama (鞍馬).
Como dije, yo empecé yendo al pueblo de Kibune, y de ahí pasé a Kurama, para poder acabar la tarde en el onsen (baño termal) que hay en el pueblo. Hacer la ruta inversa también es perfectamente posible.
La caminata dura unos 40 minutos. Independientemente de por dónde se empiece, en la primera parte hay que ir subiendo hasta la cima del monte Kurama, a 584 metros. Después sólo es cuestión de ir bajando hasta llegar a la zona del pueblo.
El bosque en sí no tiene nada de especial, pero como curiosidad gran parte del camino está lleno de raíces de los árboles que hay a los lados.
Tras unos 35 minutos de travesía se empieza a ver el valle de de Kurama.
El pueblo es famoso, además de por su onsen, por el templo que tiene. Fue en esta zona donde se creó a principios del siglo XX la técnica del reiki.
El templo de Kurama está construido en la ladera del monte, por lo que está lleno de escaleras y cuestas.
Había bastantes cerezos, por lo que supongo que debe ser bonito durante la época de floración, un par de semanas más tarde de cuando yo estuve.
Al llegar al pueblo me dirigí hacia el onsen, caminando por la calle principal hasta el final del pueblo. Tampoco hay mucho más que ver en Kurama, la verdad.
El onsen forma parte de un ryokan (旅館), una posada tradicional japonesa. Los visitantes que no se alojen en él pueden acceder al rotemburo (露天風呂, baños al aire libre, normalmente con vistas a las montañas de la zona) pagando 1.100 yen (más información aquí). Justo en ese momento empezó a llover un poco, por lo que la experiencia de bañarse se hizo más agradable.
Debo decir, sin embargo, que a pesar de la fama que tiene este lugar no creo que la merezca en absoluto. Me gustan mucho los onsen, y he estado en decenas de ellos, y puedo decir tranquilamente que este no es ni mucho menos de los mejores. Al este de Tokyo, por ejemplo, hay onsen bastante mejores que este. Es, sin embargo, una de las opciones más asequibles que hay en la zona de Kyoto.
Aunque por razones de privacidad está prohibido tomar fotos dentro, la gente que estaba bañándose me dijo que no tenían ningún problema en que hiciera fotos. Yo, por si acaso, censuro.
Las zonas de baños para hombres y mujeres normalmente están separadas.
Antes de entrar en un baño termal hay una habitación con taquillas para guardar la ropa. A continuación uno pasa a una zona donde se lava bien antes de meterse en la zona de baños. Las toallas se pueden traer de casa o alquilarlas allí mismo.
Tras el baño, una furgoneta que sale regularmente desde la misma puerta del ryokan nos llevó a la estación de Kurama, aunque también se puede volver caminando perfectamente si no se quiere esperar a que salga la furgoneta. Durante el trayecto, un señor japonés que había estado en el rotemburo conmigo me pidió que le hiciera de traductor para hablar con un chico francés que iba con él. Resulta que el chico lleva varios años visitando Kyoto, aunque no habla absolutamente nada de japonés, y el señor sólo habla japonés, por lo que la manera de comunicarse era bastante divertida y me había servido de entretenimiento mientras me bañaba en el rotemburo.
Delante de la estación de Kurama hay una cara de un tengu (天狗), un tipo de yokai, divinidades del folclore japonés que van desde lo malvado a lo travieso y que incluyen también entre otros a los kappa o a los zorros de nueve colas. Un tipo de tengu son los yamabushi tengu (山伏天狗, “tengu ermitaño de la montaña”), fácilmente reconocibles por su cara totalmente roja y su nariz exageradamente larga. La tradición dice que en las montañas de Kurama habita el rey de los tengu, que instruyó a Minamoto no Yoshitsune en el arte de la espada, historia representada en numerosos medios, como cuadros o representaciones de teatro No.
Esperando el tren a Kyoto en la estación de Kurama.
Para acabar, un vídeo que tomé en el tren de vuelta. Es un poco chapucero, pero servirá para hacerse una idea de cómo es el Japón rural a quien no lo haya visto nunca (se puede ver en alta definición aquí o pulsando el botón “HD” del video).
Tres cosas que no soporto de Japón
Aunque en el blog suelo hablar de cosas que me gustan de este país, hay algunas cosas que me sacan de quicio. Hoy voy a hablaros de tres de ellas, dos de las cuales tienen que ver con los días de lluvia.
En estas últimas semanas en que está lloviendo bastante más de lo normal (hoy mismo llevamos más de 24 horas lloviendo sin parar) me encuentro cada día con estas situaciones que inevitablemente me hacen comparar la ciudad en la que vivo con Barcelona, lugar donde vivía antes de venir aquí.
La primera es la sorprendente torpeza de la gente en general a la hora de caminar con un paraguas. Los días de lluvia, cuando paso por lugares bastante transitados (cosa no muy difícil aquí) tengo que enfocar el paraguas hacia adelante si no quiero ir “comiéndome” los paraguas de la gente que pasa a mi lado. La gente va tan “a su bola” que no se da cuenta de que están a punto de sacarle un ojo a la persona con la que se cruzan. Al principio me sabía mal tener que poner el paraguas hacia adelante, puesto que va chocando con el paraguas de todo aquel que no esté atento mientras camina, pero ya hace tiempo que me cansé de tener que vigilar los paraguas de los demás, sobre todo tras “comerme” unos cuantos.
Ocurre todo lo contrario cuando van en bicicleta: aquí todo el mundo maneja la bicicleta con una habilidad asombrosa. He visto a gente pasar entre los coches que circulan un día de lluvia mientras con una mano sostienen el paraguas y con la otra escriben un e-mail con el móvil. A mí que ya me cuesta llevar el paraguas y la bicicleta a la vez…
La segunda son los charcos que se forman cada vez que llueve. Al ser Tokyo una ciudad tan masiva, sólo algunas zonas céntricas están embaldosadas. El resto suele estar simplemente asfaltado, con lo cual se forman zonas más hundidas que otras, y al llover se inundan. Incluso las zonas embaldosadas suelen ser irregulares, por lo que si no se vigila uno acaba pisando un charco de agua y empapándose el pie.
Tal vez en Barcelona también ocurra esto, pero nunca he sido consciente de ello. Quizás es el hecho de que aquí llueve más.
Por último, la dichosa línea amarilla que recorre la mayoría de las calles de las ciudades. La línea en cuestión es una señalización para ciegos. Pero vamos, que creo yo que no hace falta darle tanto relieve para que la noten y sepan por dónde ir. Al principio uno no se da cuenta, pero cuando lleva unos meses pisándola empieza a molestar cada vez más y más, incluso duele si se llevan zapatos con poca suela. La gente suele evitarla inconscientemente, intentando pisarla lo mínimo posible, porque molesta. Recuerdo que esto de que es un incordio me lo dijo un amigo, y al principio pensé que era un exagerado. Ahora tengo que darle la razón.
(Las fotos las he sacado de Flickr, que no tengo ganas de salir con la lluvia a hacerle fotos al suelo :P)
Kibune (Kyoto)
Como comenté hace unos días, la semana pasada tuve que ir a Osaka, y aproveché entre otras cosas para visitar lugares en Kyoto y sus alrededores a los que no había ido todavía, a pesar de haber estado varias veces en Kyoto.
Uno de los lugares que visité es un pueblo que hay a unos 10 km al norte de Kyoto llamado Kibune (貴船). Para llegar hasta allí hay que ir primero a la estación “Demachi Yanagi” de la línea Keihan, al norte de Kyoto, cerca del río Kamo. Una vez en Demachi Yanagi hay que coger allí mismo un tren rural (línea Eizan) que nos llevará hasta Kibune por algo más de 400 yen en unos 20 minutos.
Una vez se baja en la estación Kibuneguchi (貴船口) hay una carretera que sigue el río Kibune. El pueblo está a unos 30 o 40 minutos andando carretera arriba. Se puede ir en autobús, pero la gracia está en ir viendo el paisaje mientras se sube.

Vista del río y la carretera nada más bajar en la estación de Kibuneguchi.

El río está muy limpio, no sé si se puede beber el agua, pero tenía muchos peces, y es una zona donde las luciérnagas crían en verano.

El río tiene innumerables saltos de agua.
Kibune es un lugar famoso por sus caros ryokan (posadas tradicionales japonesas) que sirven comidas en verano en plataformas sobre el río (kawayuka, 川床), que baja serpenteando por el pueblo. Una comida cuesta a partir de 6.000 yen, y una cena unos 10.000 yen. Podéis encontrar los ryokan aquí.

Cruzando ese puente rojo se accede a un camino entre el bosque que lleva a otro famoso pueblo, Kurama (鞍馬).

Muchos de los turistas que vienen al pueblo lo hacen para visitar su santuario sintoísta, subiendo esas escaleras.

El santuario es famoso por tener unos omikuji un tanto especiales. Los omikuji son unos papelitos que se compran en los santuarios y que, según el rito sintoísta, predicen el futuro. Normalmente sólo hay que abrirlos, pero aquí lo que hay escrito aparece tras mojarlos en agua, como en la del pilón de la fotografía de arriba.

Otro de los muchos ryokan que hay.

Tras visitar el pueblo, crucé el puente rojo de antes y me dirigí a Kurama, a unos 40 minutos andando a través de un camino de bosque. Otro día continuo explicando cómo fue.
“Ume”, la flor del ciruelo
Aunque en la actualidad el cerezo es el árbol por excelencia para hacer hanami (la contemplación de los árboles en flor) hay otros árboles que los japoneses se reúnen para ver al llegar la primavera. En este caso hablaré de los ciruelos (ume,梅) , los más apreciados tras los cerezos. Lo cierto en que en el período Nara los ciruelos eran los árboles más mencionados en las poesías y relatos, aunque más tarde el cerezo ganó el protagonismo.
El fin de semana pasado aproveché que el lluvioso tiempo que hemos tenido últimamente nos dio una tregua para visitar el mejor lugar con diferencia en las cercanías de Tokyo para ver las flores de los ciruelos (el siguiente sitio ya está al norte de Saitama, bastante lejos de la capital, y se dice que no es tan bueno como este). El parque en cuestión se llama Yoshino Baigo (吉野梅郷), y se encuentra en Ome (青梅), que significa ciruelo verde (o azul). Para llegar hasta allí hay que coger la línea Chuo rápida (naranja) en dirección a Ome hasta la estación de Hinatawada (日向和田).
Aunque debido a la cantidad de gente que va se recomienda visitar la zona entre semana, yo sólo podía ir el sábado, así que el lugar estaba bastante lleno de gente.

No, no es la estación de Shinjuku.

Habían montado un matsuri con varios yatai (tenderetes de comida).

Un templo de camino al parque.

De hanami… bajo un ciruelo aún sin flores.

La flor se parece a la del cerezo, aunque cuando el árbol está en flor no es ni mucho menos tan espectacular como el cerezo.

Todavía quedaba bastante de la nieve que había caído una semana antes.

Hay quien aprovechaba para hacerse una sesión de fotos.

Más nieve… ¡y eso que estábamos a unos 20ºC!

Por ese puente hacía unos segundos que habían pasado dos chicas en kimono. Habría sido una buena foto, pero no me dio tiempo a montar el objetivo con zoom.
El parque normalmente es gratuito, excepto en esta época, en que cuesta 200 yen.
Los hay que acaban muy mal la noche
Este seguro que perdió el último tren
El lado menos conocido de Tokyo
Aunque no lo parezca, esto también es Tokyo.
Fotografiado este fin de semana en Ome, Tokyo.
En Kansai
Este domingo tengo que ir a Osaka por temas académicos. Estaré por la región de Kansai hasta el viernes 19, así que no creo que pueda actualizar el blog (tal vez alguna entrada corta si tengo tiempo).

Voy a aprovechar que estaré también en Kyoto un par de días para ver un evento que hace tiempo que quiero ir a ver.

Espero poder hacer bastantes fotos. A la vuelta os cuento.
Café de conejos
No se trata ni de una nueva bebida hecha a base de conejos, ni de un café para conejos, aunque también podría ser. Esta vez la excentricidad/chorrada/curiosidad (no sé cómo catalogarla) es un café en el que los clientes pueden jugar con conejos cuando van a tomar algo.
Como prácticamente todo el mundo sabe, en Japón son frecuentes los cafés “temáticos”, por decirlo de algún modo. Existen cafés donde el tema principal son las meido (especialmente en Akihabara), otros son los gatos (los clientes pueden estar con gatos, y si quieren, tomar algo).Este tipo de cafés son bastante famosos, y se pueden ver prácticamente en cualquier ciudad grande. Lo que no había visto nunca era un café de conejos. Este en cuestión se llama “Usagi to cafe” (“Conejos y café”… original, ¿verdad?).
Que sepa, por ahora sólo existe un café de este tipo, en la ciudad de Nagoya (aquí). Os presento a algunos de sus “trabajadores”:

Lamune

Ash

Melon
El precio es, según la página web del café, de 900yen por 30 minutos (incluye una bebida), o 1200 yen una hora (el precio incluye un menú de mediodía). Además de algunas representaciones relacionadas con el tema de los conejos ofrecen también algunos platos con el mismo tema, como explican en el siguiente video.
Si el inglés británico no es lo vuestro, siempre podéis mirar un resumen en español aquí.
Qué manía con que en Japón hay muchas restricciones para tener una mascota. He visto a gente aquí por la calle con lémures, cerdos vietnamitas, y otras mascotas raras.
Tengo entendido que hay cafés de escarabajos, una mascota bastante normal en Japón. Si veo alguno ya lo pondré aquí.
Entradas recientes
- Bangkok
- Desde Tailandia
- Vacaciones por el Sudeste Asiático
- El pliegue de Miura
- Nueva película del Studio Ghibli
Últimos comentarios
- Caro2411 en Desde Tailandia
- Desde Tailandia « Japanaderia en Vacaciones por el Sudeste Asiático
- Mabel en Nueva película del Studio Ghibli
- Gamaliel en Vacaciones por el Sudeste Asiático
- Carlos en El japonés, ¿un idioma difícil?




























































