Otra de “japanglish”…
Cada día se superan… con lo fácil que sería preguntar a cualquier nativo…

Visto esta tarde en un tren de la línea Chûo.
De vuelta
Han pasado cinco meses desde que actualicé por última vez. Cinco meses en los que mi vida diaria ha cambiado bastante. Diversos problemas técnicos con la página hicieron que no pudiera acceder a ella, además de perder todo el contenido (el backup que tenía estaba corrupto). Por suerte pude recuperar gran parte del contenido, aunque no los comentarios que habíais hecho. Lo siento. Quiero agradecer a Iván la ayuda prestada para reponer la página, sin su ayuda habría tardado bastante más tiempo en hacerlo. Como veis el diseño ha cambiado sustancialmente, espero vuestros comentarios, tanto si os gusta como si no. No es un diseño definitivo, y está sujeto a muchas mejoras.
Pues eso, tan sólo deciros que esto continúa. Gracias por seguir ahí, y por los muchos comentarios que he recibido preocupándoos por la página. Espero que podamos seguir “viéndonos” por aquí. ¡Hasta ahora!
Subida al monte Fuji
Ocho años justos han tenido que pasar para que pueda haber cumplido algo que quise hacer la primera vez que pisé estas tierras y que por motivos que no vienen al caso no pude.
El caso es que hace unos días unos amigos japoneses me propusieron unirme a ellos en la subida del monte Fuji, que con 3776 metros es el pico más alto de Japón. Sin pensármelo dos veces accedí a acompañarles, puesto que era algo que había estado esperando hacer desde hacía mucho tiempo. El día escogido fue el último sábado de agosto, un día antes de que acabara la temporada oficial en la que se permite subir (por motivos de seguridad sólo está permitido durante los meses de julio y agosto). Subiríamos por la noche y esperábamos alcanzar la cima la mañana del domingo. Normalmente la gente sube a media tarde, hace noche en alguno de los refugios que hay durante la ascensión, y se levanta a media noche para ver el amanecer desde la cima, sobre el mar de nubes. Nosotros esperábamos estar sobre la séptima u octava estación para la salida del Sol, a algo más de 3000 metros de altitud.
Este monte, (en realidad un volcán) es uno de los símbolos más conocidos de Japón. La última vez que entró en erupción fue a finales del 1707, y hasta el año 1860 ningún occidental subió hasta la cima.
El parte meteorológico había anunciado un tiempo nublado e incluso lluvias, por lo que no esperábamos ver mucho. Al fin y al cabo, es lo normal para esta época del año, que esté cubierto de nubes. Por eso llevábamos suficiente ropa de abrigo y contra la lluvia (la temperatura en la cima suele rondar los 5ºC de noche en verano).
Fuimos en coche hasta la 5ª estación de la ruta Kawaguchiko (hay 5 rutas para escoger), pasando por la Fuji Subaru Line, una carretera de peaje que atraviesa el denso bosque de Aokigahara, en la falda del volcán. Durante la travesía nocturna por Aokigahara pudimos ver varios ciervos y pasamos por una de las (iba a decir famosas, pero no lo son) «Melody Roads», carreteras cuyo pavimento está hecho de tal forma que al pasar se puede oír una canción (si queréis oírlo aquí dejo un enlace, hay bastantes por todo Japón, sobre todo en Hokkaido).
La 5ª estación se encuentra a 2305 metros de altitud, por lo que «sólo» 1475 metros nos separaban de la cima. Pero que nadie se engañe, subir andando hasta la 5ª estación no tiene mucho interés por tratarse de un simple y largo camino en el que sólo hay que andar; «la gracia» está en subir esos casi 1500 metros que restan hasta la cima, ya que, como cuento más adelante, son los realmente duros.
Al ser de los últimos días para subir el aparcamiento de la 5ª estación estaba lleno, por lo que tuvimos que aparcar antes y caminar dos kilómetros. En la estación, lo que esperábamos: algunas tiendas y alojamientos para proveerse de comida o bebida si es que uno no lo traía ya. Los precios eran un poco más caros de lo habitual, pero conforme se va subiendo aumentan y al llegar a las estaciones más altas una banana o un botellín de agua cuesta unos 600 yen.
El primer tramo hasta la sexta estación fue prácticamente un paseo por una zona semi-boscosa, ya que no hay mucho desnivel. Vimos como contrariamente a lo esperado el cielo estaba totalmente despejado (creo que nunca he visto tantas estrellas como ese día), ya habíamos pasado las nubes mientras subíamos a la 5ª estación.
Una vez llegamos a la 6ª estación vimos en la lejanía decenas de lucecitas amarillas y rojas alineadas (linternas de los excursionistas) subiendo por las zonas más altas del Fuji. El camino fue progresivamente haciéndose más rocoso y empinado, y empezamos a ver las primeras zonas de cadenas clavadas a las rocas que ayudan a escalar las zonas más peligrosas. Hasta la 8ª estación realmente hay zonas en las que uno acaba caminando a «cuatro patas» al más puro estilo Gollum.
Cuando vimos que empezaba a clarear un poco decidimos que veríamos el amanecer desde la 8ª estación, a 3200 metros de altitud, suficiente para ver bien cómo el Sol sale por encima del mar de nubes. Me alegro de haberlo hecho ahí; era un lugar mucho más tranquilo que la atestada cima, donde apenas hay sitio para ponerse. Dejo algunas fotos que hice (no son muy buenas, pero pasaba de llevarme la réflex y sus pesados objetivos).

A la derecha de la imagen, debajo del Sol, se encuentra Tokyo, y a la izquierda los Alpes del Sur (Akaishi), separados por casi 200km de distancia.

Era impresionante ver las nubes a los pies de uno, parecía realmente un mar embravecido.
Tras ver el amanecer y desayunar continuamos la ascensión, ya bastante cansados y empezando a notar la falta de oxígeno. Es curiosa (por llamarlo de alguna manera) la sensación de ver cómo el corazón se te acelera al mínimo esfuerzo que haces, incluso al hablar, y eso te hace que tengas que descansar cada pocos metros.

La ruta de bajada, diferente a la de ascenso, llena de polvo que levanta la gente al andar (polvo que al bajar también nos tragaríamos nosotros).

En el último tramo el terreno deja de ser tan rocoso y se vuelve arenoso, dando un aspecto rojizo al paisaje.

9ª y última estación antes de la cima.
El trayecto se llena de gente a partir de la 8ª estación, ya que dos rutas convergen ahí, lo cual obliga a andar haciendo cola. No obstante era de agradecer tener que ir despacio, ya que eso permitía ir descansando cada pocos pasos, algo totalmente necesario.
Por fin, y tras casi siete horas de ascensión, vimos la torii que indicaba la llegada a la cima.
La cumbre, como suponíamos, estaba llena de gente.
El mega cráter del volcán. Se tarda una hora y media en rodearlo.
Al poco rato de llegar el cansancio se hizo evidente y, primero yo, y luego el resto de compañeros, nos quedamos dormidos.
Hora y media más tarde iniciamos el descenso, la parte que pensaba que sería la más fácil. Pero nada más lejos de la realidad: el sueño, el cansancio, el polvo de lava que levantábamos y respirábamos, la pendiente sobre un terreno arenoso en el que el más mínimo descuido hace que uno se vaya al suelo. Las piernas ya casi no respondían, por lo que la bajada fue la parte más dura. Para colmo, al llegar a la altura de las nubes la niebla y la lluvia dificultaban más el descenso.

Los desprendimientos son muy habituales, cosa que hace más difícil la bajada.
Tras casi cuatro interminables horas de descenso tenía los pies destrozados, pero también la satisfacción de haber conseguido algo que había deseado hacer desde hacía mucho tiempo. En cuanto llegué abajo pensé: «ya está hecho, no vuelvo a subir en la vida». Por algo hay un dicho japonés que dice que «no subirlo es de tontos, pero también lo es el subirlo dos veces» («一度も登らぬ馬鹿、二度登る馬鹿»). Pero ahora pensándolo fríamente no descarto volver a hacerlo algún día…
De momento parece que la experiencia gustó, por lo que estamos planeando subir alguna otra montaña este otoño, quizás en los Alpes del Sur.
La serenata de las cigarras
Ahora que el verano está dando sus últimos coletazos con él también lo hace la cigarra («semi», 蝉), una de las compañeras por excelencia de todo japonés durante esta estación.
Este animalillo, aunque pasa varios años bajo tierra madurando, a la que sale a la superficie sólo tiene un par de semanas antes de morir. Ese tiempo lo aprovecha para aparearse, y son los machos quienes «cantan» para atraer a la hembra.
Cigarras hay en todos lados, pero en Japón se da una concentración bastante alta de éstas (hay unas 30 especies), por lo que el sonido de fondo habitual en verano aquí es el ensordecedor canto de los machos. Es especialmente fuerte los días de mucho calor cuando el Sol está alto, y en algunas zonas hay que gritar para poder mantener una conversación. A veces diferentes grupos de cigarras parecen sincronizarse y el canto empieza a parecerse más al maullar de un gato o al llanto de un niño, sin exagerar.
Son un animal omnipresente en muchos aspectos de la vida japonesa, por lo que son un elemento muy utilizado en poemas, pinturas, películas o canciones, siempre evocando el verano y su calor.
Mascarillas para todos
El temor a la gripe A está haciendo mucho daño…
Vía Japan Probe.
Pepero
Así es como se llama la versión surcoreana de los Pocky japoneses (copiados y distribuidos por Lotte en Corea del Sur), o Mikado, como se los conoce en Europa (por su parecido con el juego homónimo). Los que no estéis al tanto de la política en España seguramente no le veréis la gracia a este nombre. Podéis buscar en Internet «pepero» y veréis a qué me refiero.
Por cierto, ¿sabíais que existe una serie de animación llamada «Las aventuras de Pepero el niño de los Andes? (アンデス少年ペペロの冒険)
Una nueva moda juvenil
La semana pasada vi en un famoso programa matinal de la Nihon TV una noticia sobre una nueva moda que empieza a surgir entre algunos jóvenes tokyotas, especialmente de los barrios de Harajuku y Aoyama, algo de lo que ya me había percatado en mis últimas estancias por esas zonas.
Quiero dejar claro que esto no es una moda extendida en Tokyo, y ni mucho menos en Japón. Como he dicho alguna vez, muchas veces lo que pasa en Tokyo no tiene por qué pasar en el resto de Japón -en muchos casos los japoneses de fuera de Tokyo no ven muy normales las tendencias de la capital-.
La moda en cuestión es que chicos veinteañeros se visten con ropa de chica, desde blusas y chaquetas hasta faldas. Los están empezando a denominar «ladies danshi» ( レディーズ男子»chicos dama» ) o «sukaato danshi» (スカート男子»chicos falda»). Según lo que comentaban los propios chicos a los que entrevistaban en el programa, se visten así por varias razones (ninguna, según afirmaban, por su falta de masculinidad): algunos por resaltar una figura esbelta (entiéndase esbelto como flaco, y bastante), otros porque hay más variedad en la moda femenina que en la de chico, y otros simplemente por romper moldes.
Aunque, como he dicho, no es para nada algo generalizado en Japón, si uno se pasa por los barrios citados arriba casi seguro que verá bastantes jóvenes vestidos así.
Los chicos japoneses llaman la atención del extranjero que viene por primera vez por llevar la metrosexualidad hasta el extremo. No sólo usan cosméticos, también se tiñen el pelo, se depilan las cejas, llevan bolsos de mujer (esto último es bastante normal) y algunos llevan pinzas o clips de pelo. Habrá que ver si con el tiempo esta moda se acaba extendiendo por el país (y de ahí al resto del mundo).
Fotos obtenidas de Fashionsnap.com (tomadas en Harajuku).
El rey de los bichos japoneses
Si hay algún animal que me venga a la mente cuando pienso en el verano japonés uno es sin duda la cigarra (de la que hablaré en unos días). El otro es el kabutomushi (甲虫), un tipo de escarabajo grande propio de la región de Asia Oriental. Mientras que la hembra no tiene cuernos, el macho posee un par de cuernos, uno más grande que el otro, y su cabeza se asemeja mucho al casco de un samurái (de hecho, casco se dice kabuto en japonés).
Cuando empieza el verano los niños -y no tan niños- se acercan al supermercado del barrio y se compran una jaula de plástico con tierra/virutas de madera, algún tronco pequeño y unas tarrinas de gelatina (la comida de los bichos) y se van a algún bosque a buscar estos escarabajos. Se trata de toda una afición nacional, con torneos oficiales en los que dos machos (son animales muy territoriales) se ponen en un tronco frente a frente y se apuesta a ver cuál tira al otro fuera del tronco. Por lo visto, se pueden llegar a apostar grandes cantidades de dinero, y algunos aficionados pagan bastante dinero por los ejemplares raros. Además, el kabutomushi es un elemento recurrente en muchos medios japoneses, desde videojuegos hasta películas o personajes de animación. En general los japoneses no suelen tener tanta repugnancia por los insectos, y menos si son de estos tamaños, más propios de un hámster que de un bicho. Es debido a esa fascinación que si os fijáis la gran mayoría de documentales de insectos que se emiten en España son de cadenas de TV japonesas. Otro escarabajo muy famoso aquí es el kuwagata (ciervo volante en español).
Los kabutomushi son animales que se pasan la mayor parte del día enterrados, y por la noche salen a comer. Aunque vuelan, al ser tan pesados son bastante lentos y es fácil cazarlos con las manos. Suelen vivir unas pocas semanas, por lo que mueren al acabar el verano.
Os dejo unas fotos que hice el verano pasado en casa de unos amigos que tenían estas mascotas.

Los machos, como éste, suelen medir unos 8cm, las hembras un poco menos.

Trepando por el tronco de un melocotonero, uno de sus árboles favoritos.
Por cierto, esta mañana ha habido un terremoto de 4.5 grados con el epicentro muy cerca de Tokyo, el primero que noto en varios meses (estuve fuera de Japón cuando ocurrieron los dos grandes de agosto). Estaba estudiando japonés cuando he notado el suave balanceo y he oído como crujía la estructura del edificio. Como duraba bastantes segundos estaba ya pensando en si salir a la calle o qué, pero la japonesa que estaba a mi lado me ha dicho que esperara a ver si iba a más o no. Felizmente la cosa se ha quedado ahí.
Vacaciones en España
Como dije ayer, este verano he estado tres semanas de vacaciones en España, tras casi un año y medio sin volver.
Aunque en un principio no tenía muy claro si ir o no, a finales de junio encontré un billete de ida y vuelta muy barato con las líneas aéreas rusas, Aeroflot, por unos 76 mil yen (unos 570€) ida y vuelta hasta Munich. Cuando oí Aeroflot lo primero que me vino a la mente fueron las palabras de una señora que me atendió en una agencia de viajes en Barcelona la segunda vez que vine a Japón. Me dijo que la compañía más barata era Aeroflot, pero que no me la recomendaba por no ser muy segura. Pero puesto que el precio de un billete desde Tokyo a Europa en agosto suele ser del doble me puse a investigar un poco sobre la situación de esta compañía aérea en la actualidad. Vi que aunque en el pasado había sido considerada la compañía aérea más peligrosa del mundo (en la época de la Unión Soviética), desde que se disolvió la URSS la compañía inició un proceso de reforma, renovando su flota de vuelos internacionales por aviones nuevos (Boeing, Airbus y Mc Donnell; vamos, como cualquier otra compañía). Desde el año 2004 forma parte de la alianza de aerolíneas Skyteam, una de las tres grandes uniones del mundo junto a Oneworld y Star Alliance. Así, pensé, debe ser más o menos como cualquier otra compañía aérea (en efecto, tuve unos vuelos totalmente normales, incluso mejores que con algunas compañías europeas). Después compré un vuelo de Munich a Barcelona con Spanair por 100€ ida y vuelta.
Fue curioso ver como a la ida, mientras sobrevolábamos Siberia occidental el Sol se ponía, pero cuando empezamos a bajar de latitud (hacia Moscú) el Sol subía de nuevo por el oeste, algo totalmente innatural. Esto es debido al círculo máximo que siguen los aviones, lo que hace que parezca que las rutas que tienen no sean las más cortas, cuando en realidad sí que lo son (en esta página se pueden simular los círculos máximos).
Eso sí, como llegaba tarde a Munich tendría que hacer noche allí antes de coger al día siguiente el vuelo hasta Barcelona. Lo bueno fue que hasta Munich iba a ir junto a tres amigos (dos coreanas y un californiano) que iban a estar en casa de un amigo nuestro que vive allí, por lo cual pude pasar la noche en su casa.
La llegada a Barcelona al día siguiente, como esperaba, me chocó bastante. Cosas que son lo más normal, como oír a todo el mundo hablando tu idioma, ver que la gente tiene costumbres que ya has perdido, o ver cómo me había acostumbrado demasiado a la eficiencia y amabilidad japonesa y que en España las cosas funcionan de otra manera. Cosas que ya esperaba pero que no por eso no le impactan a uno cuando las vive tras estar tanto tiempo fuera.
Por supuesto, el viaje hasta España pensaba aprovecharlo bien, por lo que tras estar una semana en Barcelona (en la que, por cierto, vinieron de turismo los amigos que he comentado antes y les hice de guía) me fui al pueblo de mi madre (relax total, que siempre viene bien) y luego estuvimos viajando por León, Galicia y toda la cornisa Cantábrica hasta llegar a Bilbao, donde vive mi hermano menor. En Bilbao coincidimos con la Aste Nagusia (Semana Grande, las principales fiestas de Bilbao), unas megafiestas a lo grande, como todo allí, con tanta gente que aquello parecía Tokyo. Incluso pude coincidir con Ayumi, una amiga japonesa que estaba de vacaciones en Cantabria.
Se me olvidaba decir que otro de los incentivos para venir a España era huir del asfixiante calor y humedad que hay en Tokyo en agosto, por lo que incluso en Barcelona no tenía excesiva sensación de calor, aun cuando la gente se quejaba del calor que hacía.
Lo peor de todo, la despedida a la vuelta, especialmente el ver la cara de mi madre viendo como me iba a la otra punta del mundo por unos años. Nada que no solucione un viaje de unas horas en avión…
Y lo mejor, la cantidad de cosas que me traje para no echar tanto de menos los jamones, quesos y demás ![]()
Para no inundar esto de fotos he hecho un pequeño vídeo-resumen de lo que fueron esos 24 días. Lo he centrado sobre todo en los trayectos de ida y vuelta, para que podáis vivir un poco también lo que es un viaje de tantas horas. Se puede ver en alta definición y a pantalla completa.
¿Tokyo 2016?
Leo en diferentes medios informativos que el Comité Olímpico Internacional acaba de publicar hoy su informe sobre las cuatro ciudades aspirantes a los Juegos Olímpicos de 2016. Tokyo ha sido seleccionada como la sede favorita (aunque es sólo un informe, no hay nada decidido). Por detrás van Río de Janeiro, Chicago y Madrid. Sin duda, la infraestructura y seguridad que posee esta ciudad japonesa le ha dado bastantes puntos para salir como favorita.
Cuando hablo de este tema con amig@s japoneses normalmente me dicen que no les haría mucha gracia que se celebraran aquí, ya que se tendría que hacer obras en muchos lugares y la ciudad sería bastante inhabitable durante los días que durasen los Juegos, debido a la acumulación de gente que habría. Sencillamente lo miran desde un lado práctico, algo típico en los japoneses. Precisamente el poco apoyo de la población a la candidatura (del 55%) ha sido uno de los puntos flacos de la opción tokyota.
Personalmente a mí tampoco me gustaría que Tokyo fuera la elegida. Ya tengo la experiencia del cambio que sufrió la ciudad de donde vengo, Barcelona, y temo que a Tokyo le pasaría algo parecido. Barcelona pasó de ser una ciudad «normal» a, tras un lavado de cara, convertirse en una ciudad en la que con la excusa de que está de moda los precios de todo tipo de servicios subieron descaradamente, además del masivo turismo que empezó a tener a raíz de los Juegos del ‘92. Creo que Tokyo tiene suficiente fama en la actualidad para que encima se haga aún más popular y empiece a ser invadida por turistas, con un consecuente aumento de precios en muchos servicios porque la ciudad se haya puesto «de moda». Aunque seguro que conllevaría muchos puntos positivos (más positivos para los especuladores que para el pueblo llano, probablemente).
La respuesta el 2 de octubre en Copenhague.
¿Cómo creéis que afectarían los Juegos a la ciudad?
Ventana externa
Ventana externa
PD: Tras más de un mes de inactividad en el blog (básicamente por haber estado tres semanas de vacaciones), reemprendo la marcha, que tengo bastantes cosas que contar.
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