El pliegue de Miura
Koryo Miura es un astrofísico japonés que se hizo famoso por inventar en los ‘70 el “pliegue de Miura” (ミウラ折り), un tipo de pliegue de papel que mejoraba el clásico método de doblar un mapa. Con este método el mapa se podía abrir simplemente con cuatro dedos sin miedo a que se rasgara por los pliegues:
Aquí podéis ver cómo hacer el pliegue.
El sistema que inventó Miura se empezó a utilizar en mapas, hojas de instrucciones, etc. Sin embargo, y puesto que Miura es astrofísico, llevó la utilidad de este sistema hasta el espacio. Las tres características de este pliegue son la facilidad para plegar y desplegar, la posibilidad de reducción a un pequeño volumen y la robustez que proporcionan los pliegues al material. Por ello se empezó a utilizar en el diseño de algunos paneles solares de satélites que JAXA, la agencia espacial japonesa, ha mandado al espacio. Este tipo de plegamiento es muy útil, ya que puede comprimir los paneles y desplegarlos fácilmente en el espacio sin miedo a romperlos, además de darles más resistencia que si fueran planos.


(Fotos de JAXA)
La larga tradición en origami (折り紙, papiroflexia) que hay en Japón llevó a Miura a seguir desarrollando otras variedades y aplicaciones de pliegues. Así, por ejemplo, se basó en patrones naturales para desarrollar modelos de pliegues a los que pudiera dar una utilidad. La manera en que una mariquita pliega sus alas, la forma que adopta un cilindro de papel al ser aplastado, etc. fueron reproducidas por ordenador bajo condiciones ideales para obtener el patrón perfecto.

¡Incluso las mangas de la Gioconda muestran ese patrón!
Quien haya visitado Japón seguramente se habrá fijado en la curiosa forma “arrugada” que tienen algunas latas de bebidas. Ahora ya sabéis por qué son así. Es una de las utilidades del pliegue de Miura, el cual le da más resistencia a la lata que si fuera un simple cilindro.
Nueva película del Studio Ghibli
Hoy 17 de julio se estrena en los cines japoneses la última película del aclamado Studio Ghibli, titulada “Karigurashi no Arrietty” (借りぐらしのアリエッティ, “Arrietty, la que toma prestado” vendría a ser en español). Es una adaptación muy libre de la novela The Borrowers, de Mary Norton. Aunque en la obra original la acción transcurre en la década de los 50 en Inglaterra, en la película de animación lo hace en la actualidad en la zona de Koganei, al oeste de Tokyo. Me ha hecho gracia porque precisamente yo estoy viviendo justo en esta zona. De hecho, muchas de las películas de Ghibli transcurren por aquí, quizás por el hecho de que el Studio Ghibli y el museo Ghibli se encuentran en esta zona (Hayao Miyazaki, director de Ghibli, también vive cerca de aquí -en Tokorozawa-).
El argumento gira en torno a la vida de unos seres de 10 centímetros de altura que viven a base de tomar prestados objetos de los humanos. La película se centra en la relación entre la protagonista, Arriety, y Sho, el chico humano que la descubre.
El 26 de junio se hizo un pase privado en los estudios Imagica (cerca de la estación tokyota de Gotanda) al que asistió el personal del Studio Ghibli. Por lo visto, tras ver la película Hayao Miyazaki felicitó al debutante director de ésta (Hiromasa Yonebayashi), algo muy significativo viniendo de una persona tan exigente como se sabe que es Miyazaki.
Miyazaki felicitando a Yonebayashi ante el staff de Ghibli (foto del diario del Studio Ghibli)
A pesar de la buena crítica que la película está teniendo, habrá que ver tras su estreno si supera a “Gake no ue no Ponyo” (崖の上のポニョ), la anterior película del estudio. Y esto no es ninguna tontería, siendo ésta la película más taquillera del año 2008 del segundo mercado cinematográfico más grande del mundo tras EEUU.
Este es el tráiler promocional definitivo de la película, presentado esta misma semana:
El “boom” del K-pop
Al tratarse de dos países vecinos, las relaciones entre Japón y Corea del Sur suelen estar marcadas por un sentimiento de amor-odio. Amor en el sentido de admiración de uno por ciertos aspectos del otro, y odio por el sentimiento de competencia que la proximidad geográfica crea entre ellos. Sin entrar a discutir quién copia qué del otro, lo cierto es que en los últimos años en Japón están de moda tanto las series (tv-drama) como la música pop coreana (Korean pop, o K-pop).
Son especialmente las más jóvenes quienes, muchas veces cansadas de la imagen demasiado femenina que tienen ciertos cantantes japoneses, se ven atraídas por el K-pop, en el que sus miembros normalmente muestran una imagen más “dura”, con ciertas similitudes con el pop americano. Así, cantantes como Taeyang (del grupo Big Bang) son prácticamente tan famosos como puedan serlo los propios cantantes japoneses entre la juventud japonesa.
Taeyang cantando en solitario.
Uno de los grupos más conocidos por aquí es Super Junior, famoso, no sólo por sus canciones, sino también por sus coreografías. El siguiente videoclip, por ejemplo, está grabado en una sola secuencia:
En Japón, el grupo que sin duda ha tenido más éxito ha sido Tôhô Shinki (東方神起, “dioses nacientes del este”), también conocidos como TVXQ o DBSG, aunque actualmente en Japón el grupo permanece disuelto. Sus voces no sólo sólo les han hecho archifamosos en Japón y Corea, también en gran parte del sureste asiático, y han llegado a batir varios récords Guinness.
La siguiente canción, cantada en japonés, se pudo escuchar prácticamente en cualquier parte de Japón durante el año pasado:
Otros grupos masculinos muy famosos por aquí son 2PM, G-Dragon o SHINee:
“The Cove” y la opinión pública japonesa
Hoy 3 de julio se estrena de forma oficial en Japón el controvertido documental “The Cove” (“La Cala”), de momento en cinco salas, número que se irá ampliando durante el verano.
Para quien no conozca de qué va todo esto, os pongo un poco en contexto. “The Cove” es una película-documental filmada en Taiji (太地), el pueblo ballenero por excelencia, al sureste de la prefectura de Wakayama (aquí), considerado uno de los entornos más bellos de la costa occidental de Honshu. En el documental se denuncia la matanza de entre 1.700 y 23.000 delfines (dependiendo de las fuentes) que se lleva a cabo anualmente entre septiembre y abril en esa zona. Así como la caza de ballenas está regulada por la Comisión Ballenera Internacional, la de delfines no, por lo que en este caso Japón no tiene problemas legales para cazar delfines con fines económicos. Una parte de estos se venden vivos a acuarios y delfinarios de todo el mundo, mientras que los delfines que no han sido escogidos se llevan a una cala próxima donde se sacrifican para venderlos como carne y otros subproductos. Esta zona a donde se les lleva para matarlos está fuertemente vigilada, y las autoridades locales prohíben la entrada a cualquier persona ajena al negocio.

Dejando a un lado la matanza (que se relata con todo detalle en el documental), otro tema relacionado con este es el peligro que representa el consumo de carne de grandes cetáceos, debido a las enormes cantidades de metilmercurio (un producto altamente tóxico, causante de la enfermedad de Minamata, que curiosamente también se describió en un pueblo pesquero japonés) que contiene su carne, por la acumulación de este veneno en el organismo de los peces y cetáceos. A los amantes del pescado, un consejo: cuidado con el consumo habitual de atún, un pez depredador en lo alto de la cadena trófica (y, por lo tanto, con niveles muy elevados de mercurio en su carne).
La opinión pública japonesa, al igual que en otros temas, es bastante ignorante a este respecto (el de la pesca y el de la toxicidad de estas carnes). Yo, aun siendo extranjero y habiendo vivido algo más de dos años aquí estoy harto de ver productos hechos a base de ballena y de delfín. Una simple visita al mercado de Tsukiji y saber leer el kanji de ballena (鯨) basta para comprobar que la venta de este cetáceo no responde a fines científicos, sino a puramente comerciales. En cambio, la vasta mayoría de los japoneses con los que he comentado el tema dicen no haber visto jamás a la venta carne de delfín, y en pocas ocasiones la de ballena. Debe ser que al vivir en un país extranjero me fijo más… Cabe decir, no obstante, que tanto la carne de delfín como la de ballena no son productos de consumo habitual; los típicos consumidores son japoneses mayores que lo hacen por herencia cultural.
Aunque el documental iba a ser estrenado hace unas semanas, la presión que han ejercido sectores nacionalistas de ultraderecha (los mismos que desde sus furgonetas negras se plantan en el santuario de Yasukuni y frente a grandes estaciones de tren de la ciudad y gritan lemas nacionalistas) hizo que se suspendiera su exhibición pública. En el siguiente vídeo (en japonés) se les ve frente a un cine en Yokohama alegando que la película es absolutamente anti-japonesa, falsa y auspiciada por Sea Sephard, una organización anti-ballenera que tuvo un incidente hace unos meses con un barco ballenero japonés.
Personalmente creo que la excusa de que cazar cetáceos es una costumbre tradicional japonesa no tiene la más mínima validez legitimatoria. También han sido costumbres tradicionales japonesas el seppuku (harakiri), los kamikaze, o la división poblacional en castas, y bien que se eliminaron dichas costumbres (¿no os suena todo esto a lo mismo que alegan los defensores de la tauromaquia?).
Recomiendo el visionado de “The Cove” a quien todavía no lo haya hecho, a fin de tener una visión de la otra cara de la moneda de la sociedad japonesa. A quien tras verlo se sienta ofendido por la crueldad e insensibilidad de los japoneses le recomiendo un ejercicio de autocrítica con el visionado de “Earthlings” (“Terrícolas”), otro documental que nos pone en evidencia a prácticamente todos (exceptuando a los veganos), y bastante más desgarrador, a mi parecer.
Vallando la línea Yamanote
La línea Yamanote, la más famosa e importante de Japón, está siendo vallada a fin de evitar caídas accidentales a las vías o golpes por el paso del tren a pasajeros despistados. Este tipo de accidentes se da muchísimas veces a lo largo del día, especialmente en horas punta, cuando los andenes se congestionan y la gente con prisa pasa la famosa “línea amarilla” (que podéis ver en las fotos de abajo), acercándose demasiado a las vías.
Estación de Ebisu (Tokyo).
La verdad es que esta medida ya se debería haber tomado hace mucho tiempo, al igual que lo hicieron en su día otras compañías, como Tokyo Metro. Por ahora se ha empezado con la estación de Ebisu, y en agosto se vallará también la de Meguro. El proceso será lento, y se espera haber vallado todas las estaciones de la línea Yamanote (un total de 29) para el año 2017.
Seguramente se evitarán muchos suicidios, al menos en esta línea. Japón consta, con una media de algo más de 90 suicidios diarios, entre los países con más suicidios en el mundo (proporcionalmente sólo por detrás de Corea del Sur y Hungría).
Otra de “japanglish”…
Cada día se superan… con lo fácil que sería preguntar a cualquier nativo…

Visto esta tarde en un tren de la línea Chûo.
Tokyo, ¿la ciudad más cara del mundo?
Hoy han dicho en la televisión japonesa que Tokyo figura de nuevo en cabeza en la lista de ciudades más caras del mundo. Hace justo un año la ciudad africana de Luanda desplazó a la capital nipona, pero este año Tokyo vuelve a recuperar el primer puesto. Este hecho se debe, entre otras cosas, al encarecimiento del yen frente al resto de monedas (endaka, 円高). La lista la ha elaborado la consultora ECA, y la podéis ver aquí.
No obstante, para los que vivimos en Tokyo no nos da la sensación de que estemos viviendo en el lugar más caro del mundo, ni mucho menos. Aunque evidentemente el alquiler (o la compra) de un piso en el centro de la ciudad es carísimo (como en cualquier otra gran urbe del primer mundo), y cosas como el transporte tienden a ser caros, la vida aquí no tiene por qué ser más cara que en cualquier ciudad europea, por ejemplo.
Pongo unos ejemplos para que juzguéis, sacada mismamente de la compra que he hecho esta tarde:
1 litro de leche entera: 157 yen ( 1€ actualmente cuesta unos 110 yenes). Si la leche es desnatada, 108 yen/litro
1 litro de zumo de naranja o pomelo 100%: 98 yen
Algo más de 1/2 kilo de sandía (la sandía es una fruta tradicionalmente cara en Japón): 196 yen (está a mitad de precio, pero es que esto de los descuentos es algo habitual en los supermercados)

Una bandeja de sushi (10 piezas): 349 yen

277 gramos de bonito fresco: 135 yen

1 bandeja de tomate cherry (100g): 98 yen
1 lechuga: 98 yen
1 tomate: 70 yen
1 piña mediana: 198 yen
Además, muchos supermercados proveen gratuitamente algunos servicios. En el mío, por ejemplo, se puede llenar una garrafa de agua purificada (al estilo de las jarras filtrantes Brita) gratis, con lo que uno se ahorra comprar agua mineral.
Siguiendo con el tema de la comida, hoy he comido esto a mediodía en un restaurante: filete empanado de pollo, una pequeña ensalada, tsukemono, sopa de miso y arroz. El precio: 660 yen (unos 6€). Hay que contar además que el agua o el té son gratis en todos los restaurantes en Japón.
El precio del resto de necesidades básicas, como la ropa, no difiere en absoluto del que pueda tener en cualquier otra ciudad europea, por ejemplo. Muchas veces es incluso más barata. Además, de sobras es sabido que casi cualquier producto o servicio tecnológico suele ser más barato que en otras ciudades no japonesas.
¿Os parece muy caro todo esto?
Las sandías más caras del mundo
Una de las cosas por las que es conocido este país es por el precio de algunas frutas. Quizás la más conocida sea el melón (un par de melones de la variedad Yubari ha llegado a costar dos millones y medio de yen), pero en este caso la sandía tampoco se queda muy atrás.
Como cada año por estas fechas, ayer se subastaron en Sapporo (Hokkaido, la isla más septentrional de Japón) las sandías Densuke (でんすけすいか), la variedad más apreciada del país, y posiblemente del mundo.
En concreto la remesa más cara se vendió a 300.000 yen la pieza, de unos 11 Kg cada una (unos 2700€ -3300US$- al cambio actual). Otras sandías de menor calidad se vendieron a 200.000 yen, y las más baratas se pueden encontrar a unos 10.000 yen.
Los productores aseguran que aunque sea una sandía su sabor poco tiene que ver con el de las demás, debido al nivel de dulzura que alcanza.

La variedad más cara. Hace dos años se llegó a pagar 650.000 yen por una pieza, siendo la sandía más cara jamás vendida.
No extraña, pues, que una sandía o un melón sea un típico (y costoso) regalo que se hace en verano en Japón.

En Shibuya, entre otros muchos sitios, se puede comprar esta variedad de sandía. La tienda (Nishimura Fruits, en la que a veces también se pueden ver las famosas sandías cuadradas) está justo enfrente de la estación de Shibuya (aquí).

Foto obtenida de Flickr.
Nippori (日暮里)
Nippori es uno de esos barrios residenciales que no figuran en los típicos itinerarios que uno hace al visitar Tokyo. Se encuentra a pocos minutos de Ueno en la misma línea Yamanote.
Al igual que otras zonas del norte de Tokyo, se trata de una de las zonas antiguas de la capital (shitamachi), que no fue tan castigada durante los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial.
Vale la pena alejarse un poco del bullicio del centro y dedicarle un par o tres de horas para hacerse una idea del ambiente que debía haber hace unas décadas, especialmente para aquellos que no vayan a visitar Kyoto u otra ciudad antigua.
Bajando en la estación de Nippori, y saliendo por la salida sur uno ve una pequeña cuesta a la izquierda que da al cementerio de Yanaka. Es una oportunidad de ver un típico cementerio japonés, con sus tumbas y tablillas conmemorativas.
Continuando un poco más adelante uno ya se empieza a adentrar en la zona más residencial. En esta zona lo más interesante es la Yanaka Ginza Shôtengai (谷中銀座商店街), una calle de tiendas típicas en la que se puede encontrar desde tiendas de comida preparada hasta locales de artesanía (a destacar las que venden productos de té).
El Meg-Rin, un autobús “retro” que recorre la zona de Asakusa, Ueno y Yanaka.
La calle Yanaka Ginza Shôtengai.
Tras la visita, uno puede aprovechar para visitar Ueno, Asakusa o Akihabara, que quedan bastante cerca de aquí.
Tulipanes
Después de los cerezos le llega el turno a los tulipanes, una flor también muy admirada en Japón, aunque no sea originaria de aquí (la trajeron los holandeses).
Este parque está en la ciudad de Hamura, al oeste de Tokyo.
Debido al inusual frío que ha hecho, este año las flores de cerezo han aguantado bastante tiempo en los árboles.
Ya se empieza a ver los koi nobori (鯉幟), banderas con forma de carpa que se izan para desear que los hijos crezcan fuertes como las carpas, capaces de remontar los ríos. Estas banderas se ven especialmente en días como el kodomo no hi (子供の日, “día de los niños”), el 5 de mayo.
Una semana después de tomar estas fotos, volvimos al invierno durante unos días, y según dijeron en las noticias, los tulipanes se volvieron esconder.
Lago Saiko (西湖), en Yamanashi:
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